Juanfra Molineros
“La civilización era una etapa que sólo algunos pueblos alcanzaban”[1],
sin querer seguir por completo la introducción que hace el documento ya citado,
es necesario entrar de lleno a la pregunta ¿Hasta qué punto las acciones del pueblo
y de algunos de sus actores representativos fueron meramente liberales,
meramente positivistas, o liberales y positivistas?[2]
Y en qué medida con ello puede decirse que hemos
logrado acercarnos al estado de civilización.
Resulta obvio que la última pregunta la planteo no sin excluir las
posibilidades que matizaré en los siguientes puntos, tomando en cuenta los
factores sociales y económicos que facilitan –como dice el texto– la recepción
del positivismo.
El positivismo surge en Europa, pretendiendo
ser un resumen del desarrollo cultural alcanzado por la humanidad a través
de su historia[3], considerándole
entonces como una totalización del avance cultural-científico que abarca una
realidad concreta. Ahora bien, si ésta totalización surge del mundo real[4],
y entiende el progreso como “un avance continuo hacia un fin determinado, así,
la existencia de los hombres mejora continuamente y ese mejoramiento está
condicionado por las leyes reales exteriores o interiores”[5],
¿Podemos decir entonces que nos ayuda a acercarnos al estado de civilización?
Definitivamente en Guatemala había ya en el siglo XIX, cambios como
reflejo de lo que sucedía en el mundo, a decir, la economía de autoconsumo
sumada a una débil mercantilización[6].
A esto, debería agregársele el factor de la producción del café y la reforma
agraria que en más tendría consecuencias directas en el desarrollo del Estado
de Guatemala y todo “el pensamiento de modernidad basado en la filosofía
positiva que se expandía fundamentalmente en Europa, hacía presencia en
Guatemala”. De aquí que la reforma liberal movió las bases económicas,
sociales, políticas y culturales desde la oligarquía cafetalera[7].
Desde otra perspectiva, pero con los mismos factores base, la “nueva
época aparecía desbaratando los principios religiosos, aportando un ambiente
saturado de orgullo, vanidad, sofistería, ligereza, (…) de hombres sabios y por
lo tanto no necesitados de fe”[8]
A lo que vendría una reacción de la Iglesia y una persecución sistemática de
ella, que le haría ponerse durante mucho tiempo en antagonismos que le
costarían su estancia en el país.
Dicho lo anterior, entonces me preocuparé en responder la pregunta
inicial tomando como referencia el marco contextual con el que quise introducir
la argumentación.
El “Liberalismo y Positivismo” surgieron en Europa respondiendo a un
contexto y a una realidad muy diferente a la nuestra, nuestro rezago
cronológico respecto a la Historia Universal no era de unas cuantas décadas,
sino a siglos de distancia. Sin embargo, los “hombres sabios” que en Guatemala
quería reproducir las ideas liberales y positivas de Europa no hicieron más que
una mala copia, y esto es percibido
en el hecho que, toda acción fue orientada con un sesgo profundamente incoherente,
ya que, no se logró el establecimiento de un proyecto de Nación, sino se
persiguieron –como hasta ahora es moda– intereses propios de la oligarquía, que
no hicieron más que responder a la importación acrítica de ideas europeas y
establecerlas en una realidad que era diversa y diferente.
Desde tiempos de la colonia y más cercano aún, desde la
independencia de nuestro País, los ejes de discriminación racial y social eran
ya una tendencia marcada, y la realidad se veía sumida en un caos de
distribución de la tierra, del capital e inclusive del acceso a servicios
básicos. El liberalismo y el positivismo no encontraron un foco auténtico de
canalización para marcar la sociedad guatemalteca y ponerla en camino hacia un
estado de civilización, sino más bien
fue la imposición de un nuevo régimen y por tanto un nuevo colonialismo desde
la perspectiva de la ciencia y el progreso.
Hubo muchas acciones que ayudaron a matizar la Guatemala de hoy, sin
embargo, en el momento que esto ocurría no era más que una mala adecuación de
una ideología a nuestra realidad, ya
muy golpeada por el yugo español primero y luego por el yugo que los mismos progresistas ponían sobre sus
compatriotas.
Definitivamente la relación del hombre con su mundo, vista desde la
novedad del positivismo propicia un encuentro con un mundo moderno de
conocimiento y de ciencia, sin embargo en nuestra realidad, no todos tienen
acceso a este conocimiento y a esa ciencia, sino sólo aquellos hijos de la oligarquía de la Reforma
Liberal que sistemáticamente usaron una ideología para apropiarse y esclavizar
a sus connacionales libres e independientes de los españoles, mas no libres e
independientes de los criollos con
ideas europeas.
Todavía hoy en Guatemala el Liberalismo y Positivismo europeo
resulta un problema, porque resultan los beneficios de éstos exclusivos y
excluyentes, propios del capital y de los “hombres sabios” que mueven el País.
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