Luis René Sandoval
El
neoliberalismo latinoamericano, en especial el guatemalteco, ha planteado temas
importantes que son filosóficos en su base y que también influyen directamente
en la cultura. Grandes instituciones como la universidad Francisco Marroquín y
el CACIF son resultados concretos de la práctica del neoliberalismo en nuestro
país. Estos son ejemplos del monstruo mundial en que se ha convertido y que ha
dominado la mayor parte del pensamiento occidental.
Este
pensamiento critica aspectos centrales de la democracia, el crecimiento del
Estado como ente regulador y la planificación de la economía, ya que pretenden
una sociedad económica y política que permite el libre comercio y la “igualdad”
entre todos los comerciantes (pequeña, mediana y gran empresa). Pensadores como
Fontaine Alunate consideran que el sistema neoliberal “abre las posibilidades
de aplicar la teoría económica a la conducta humana no comercial, incluso a la
que se relaciona con bienes no pecuniarios” argumentando la pretensión de una
antropología en donde se exalte el valor de la “libertad” individual. Al
pretender sistematizar la libertad individual, ya no se está pensando en una
filosofía individual sino colectiva, aplicable a la sociedad. Este es una de
las ironías del neoliberalismo práctico.
La
descentralización de los poderes del estado y de las decisiones económicas son
la concreción de pensamientos como los de James Buchanan y Gordon Tullock que
tomaron como base la “teoría de las decisiones públicas”, de Kenneth Arrow y
que sostiene que todos los comportamientos humanos son esencialmente racionales
y que los mecanismos de decisión en las sociedades queden a cargo de los
individuos y brinde libertad a estos. Estos gobiernos descentralizados están
pensados para aprovechar las ventajas del sistema de mercado mundial. Este
aprovechamiento de las ventajas viene acompañado de la creación de sociedades
anónimas e impersonales que no están sujetas a las decisiones burocráticas del
estado pero si regulados por la oferta y la demanda y por organizaciones como
el CACIF en nuestro país, que impone una serie de incentivos, sanciones y
controles a sus asociados.
El
neoliberalismo, a pesar de ser un orden sociopolítico y económico, con
filosofía propia y antropología clara, a lo largo del mundo es sentido de
formas completamente distintas. En
nuestro país y en general en Latinoamérica se ha manifestado como un sistema
económico que tiene sus bases de pensamiento en exponentes como Manuel
Francisco Ayau Cordón, “El Musso”, fundador de la universidad Francisco
Marroquín, que a pesar de no crear un pensamiento propio, concretizaron e
impulsaron iniciativas como los tratados de libre comercio, las teorías de
libre mercado y el “impulso” a la pequeña y mediana empresa. Dicho sea de paso,
como pensamiento idealista pareciera traer muchos beneficios para todos.
Promover
la igualdad y la libertad de comercio, en teoría, suena muy bueno. En la
práctica vemos que las grandes empresas multinacionales se comen a las pequeñas
y tienen competencia, ya sea leal o desleal, pero implica que los pequeños
productores que pretendan exportar se enfrentarán a monstruos neoliberales y
los más beneficiados siempre serán los que tengan las mayores herramientas y el
mayor capital para poder invertir.
Como
ya decía antes, en Latinoamérica el neoliberalismo ha cuajado como una
propuesta eminentemente económica o economicista en las que no existen espacios
para reflexionar en temas como la inflación, la inversión del presupuesto público
en invitación a empresas extranjeras, como está pasando con la minería
actualmente, el crecimiento del ingreso y su mala distribución, la
estabilización o inestabilización de los preciso por el lucro desmedido. Estas son
situaciones poco pensadas filosóficamente y muy tratadas socialmente que
siempre afectan a los más pobres y a los más necesitados.
La
economía de mercado que avanza a pasos agigantados en nuestro países, exige
cada vez más políticas de libre comercio y aunque los pequeños empresarios han
reivindicado el derecho a la empresa, esos habitantes, se encuentran
generalmente barrios populares y que muchas veces invaden espacios públicos,
como los vendedores ambulantes que, al margen de la ley y el derecho al libre
contrato, comercian tratando de no ser comidos por los efectos del
neoliberalismo imperante. Para pensadores como Gher, este auge de los
vendedores ambulantes en Latinoamérica es una nueva “revolución industrial”
después de la europea.
Algunos
personajes de nuestra Latinoamérica como Hugo Chávez y el régimen cubano no
hablan hoy fuertemente de una lucha en contra de este pensamiento neoliberal y
de nueva colonización moderna de las grandes empresas. Esta nueva colonización
se ha dado paulatinamente en nuestros países con la bandera de “libertad”.
El
pensamiento descolonizador es un tema fuerte actualmente en distintas partes
del planeta. En distintos momentos de nuestra historia se ha planteado el
pensamiento de la “liberación”, no sólo como filosofía sino incluso como
teología. Aún están vivos los ideales de pensadores como Simón Bolívar y José
Martí y estos pensadores siguen inspirando a líderes mundiales que ven, con
tristeza, los efectos del neoliberalismo y del imperialismo estadounidense
imperando en nuestros países. Los proyectos
descolonizadores de liberación son variados ya que pretenden liberar todos los
sistemas del racismo, sexismo del que están empapados todos los sistemas de
nuestro continente.
Venezuela
y Cuba son espacios en donde actualmente se continúan planteando estos giros
descolonizadores por medio de filosofías como la de la liberación, planteando
ideas como la emancipación. Estos países plantean el desligarnos de la tutela
de países como Estados Unidos que se presentan como los padres, guías y
promotores de toda cultura, no sólo económica sino también cultural y
educativa. Muchos grupos en nuestro país, tanto de tinte político, económico y
empresarial, trabajan con ideales de liberación y presentan una resistencia
seria a los deseos de nueva colonización y dominación de grupos oligárquicos
que promueven el neoliberalismo en todas las esferas de la sociedad.
Por
su parte, José Martí (1853–1895) tiene
especial lugar en las luchas de la liberación latinoamericana hasta el
presente, porque se encuentra entre el final de las guerras de la Independencia
del comienzo del siglo XIX contra España y el inicio de la confrontación contra
el coloso del Norte, el Imperio
americano, ante el cual se cifra en concreto el proceso de lo que él denominará
la “Segunda Independencia”. Martí tuvo el genio, y el conocimiento (siendo un
gran viajero por Europa, América Latina, el Caribe, y permaneciendo quince años
en Estados Unidos: “viví en el monstruo, y le conozco las entrañas”, como un
nuevo Jonás), la experiencia de descubrir en plena lucha por la emancipación de la Cuba colonial, el hecho
masivo del nuevo neocolonialismo en el que caían uno tras otro los países
latinoamericanos desde México a Argentina.
(Dussel, Enrique. El “giro descolonizador”. P. 9)
Al
referirse a Estados Unidos como el monstruo, se refieren al proceso
globalizador y a la colonización de las grandes empresas. Estas grandes empresas se favorecen del
pensamiento neoliberal. El permitir el libre comercio entre los países de
América ciertamente representa una oportunidad de superación para los
comerciantes pero especialmente para aquellas empresas con la capacidad para
mantener las importaciones y exportaciones al día y también para aquellas que pueden
cumplir con la demanda de productos de otras naciones y pueden ofrecer lo
suficiente como para tener los recursos necesarios. En el caso contrario, las pequeñas empresas
son cerradas y declaradas en quiebra porque no pueden mantenerse por la gran
demanda.
La
gran pobreza y la brecha cada vez más grande entre ricos y pobres son parte de
los resultados de la práctica del neoliberalismo. Es necesario un giro
descolonizador pero no considero conveniente el utilizar la filosofía de la
liberación como motor de este giro ya que la base comunista en la que se maneja
solamente logrará la “distribución igualitaria de la pobreza”.
Un
camino adecuado para mejorar la situación es educar a las nuevas generaciones
con valores como la justicia, igualdad, solidaridad verdadera y la libertad
verdadera. Solamente exigiendo estos valores en nuestra sociedad podremos
obtener una sociedad más justa y podremos tener iniciativas como las
cooperativas formadas por pequeñas empresas.
Todas
las estructuras de nuestro país, como el CACIF y otras organizaciones de este
tipo, están necesitando del impulso de las nuevas generaciones, es por eso que
nosotros debemos influir en los niños y jóvenes de nuestro país para hacerles
ver la necesidad de justicia para un país de libertad y de paz.
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