lunes, 30 de julio de 2012

El punto de partida de la filosofía-Antonio González


Lennin Ariel González Ocampo.

¿Cómo hallar este punto de partida radical para el filosofar? Es la interrogante que utiliza A. González para iniciar el camino de descifrar el punto de partida radical del filosofar. El cogito cartesiano en una primera instancia va ser el punto de partida, por ser indubitable y estar justificado. Pero el cogito para ser inicio del filosofar tiene que transformarse en ego (yo); siendo el ego el medio por el cual se puede filosofar, este toma la iniciativa para filosofar. Por ello creo atinadas las palabras < tanto Descartes como Husserl no centran su “filosofía primera” en el acto de cogitar, sino ante todo y sobre todo en el ego que cogita, al cual interpretan como sustancia pensante o como subjetividad consciente> Pero al final esta postura se hace insuficiente para las pretensiones de encontrar un punto de partida radical para el filosofar. También se deduce que cogito a mero pensamiento>.
¿Qué se necesita entonces para dar inicio a una filosofía radical?

Reconocer ante todo que para hacer filosofía no basta especular en el presupuesto: “no puedo dudar de que estoy dudando” según el cogito de Descartes, se estaría cayendo así en un acto puramente intelectivo. Se necesita algo más concreto para filosofar. A. González deduce que el cogito cartesiano, para ser librado de su unilateralidad intelectiva, ha de ser sustituido por un ago. El ago vendría hacer la distinguida actividad productiva y eficiente, dando así un significado amplio del que hacer de la filosofía. Por ello el ago encaja como punto de partida radical del filosofar, en su simplicidad de “hago” se encuentra su aportación de hacer una autentica filosofía. Así una cosa es tener establecido el ago y otra distinta es establecerlo para hacerlo hacer su trabajo.

En un primer momento, debemos diferenciar el ago del ego no se puede decir a la primera de lo que se trata el ago, basta saber que es propio y radical para la filosofía. En cambio el ego es impropio, carece de identidad se deja llevar por acomodamientos al gusto del ejecutor del mismo; no se define como tal. Con lo que respecta al ago le falta tiempo para identificarlo y ser utilizado como modo personal del que hacer filosófico ya mencionado.
En un segundo momento, no se puede dudar del acto en cambio del sujeto, de una sustancio, o del lenguaje, si existe la posibilidad de dudar. En ellos varia su fin, en el acto nos aferramos a la verdad, no provocando sospechas como los otros sino aportando afirmaciones que ayuden a dilucidar la verdad primera del ago.
 Y en un tercer momento A. González da seguridad que lo único que podemos decir es que nuestro hacer es siempre un hacer algo. Esto con respecto al ago=hago que varia de acuerdo a la perspectiva de donde se enfoque. Y que el ago tiene una dimensión personal, del mismo modo tiene también una dimensión terminal.

Ahora cabe preguntar ¿Cuál es la verdad del ago o más bien cuales son las verdades del ago? Y esto consistirá mi aportación, dar al ago un perspectiva que lo aterrice y puede ser este entendido como radical de inferencia en el filosofar. Además el ago no es poca cosa, es acto que se hace real y tiene repercusiones concretas en el ámbito de la practica del filosofar, pero dejemos que las verdades sobre el ago lo expresen de la mejor manera.
-El ago actualiza las posibilidades de la cosa en tanto en cuanto tenga una aprehensión primera en ellas, así el ago no se queda en pura proporción, sino trasciende y es real.
-El ago le proporciona al pensamiento realidades, para que este se desarrolle de acuerdo a ellas y llegue así a un que hacer concreto.
-El ago es un hecho indestructible e indubitable. Por ello la filosofía lo toma como punto de partida, ya que en el encuentra lo radical por excelencia del ago mismo como acto.
Por tanto es el ago=hago traducido al acto es simple elemento dinámico que da sentido a la filosofía. Por estar este desvinculado de cualquier ideología o postura existente. Para llegar ser ese punto radical que se meta de lleno en el ámbito de la practica de la filosofía y convertirla en acto.

3 comentarios:

  1. Al comentar el texto de Lennin sobre el punto de partida de la filosofía de - Antonio González. La prioridad del cogito como acto sobre el ego, asume que el ego consiste en pensar, algo muy importante, que resalta el autor del texto, y tomar como punto de partida el siguiente pensamiento de Descartes según el cogito “no puedo dudar de que estoy dudando” se estaría cayendo así en un acto puramente intelectivo. Se necesita algo más concreto para filosofar. A. González deduce que el cogito cartesiano, para ser librado de su unilateralidad intelectiva, ha de ser sustituido por un ago.
    Es muy importante tomar en cuenta el ago. Porque nos ayuda a hacer nuestra propia filosofía es decir realizando una autentica filosofía, porque a través de ella podemos filosofar, es decir el “hacer” una nueva filosofía sobre la realidad, el ago es un movimiento, una acción en si, de tal manera que se realiza tanto en el objeto de la filosofía como en el sujeto que filosofa.

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  2. Antonio Sanic (10 ago):

    El estilo del quehacer filosofía es propio del filósofo. El trabajo se enmarca en dos puntos, a saber: primero, consistió en una descripción del cogito desde la perspectiva del racionalista Rene Descartes; luego hace un parangón y diferenciación entre el “cogito” cartesiano y el “ago” muy propio de Antonio G. llegando a la conclusión que el punto de partida de la filosofía es el “ago” como acto -presentado por A. Gonzales, y no precisamente el ego cartesiano o el cogito subjetivo. La diferenciación está en que el ego, según el compañero, es algo impropio y que le falta identidad. Mientras que el ago, según su inferencia, es lo más radical y el inicio transitorio de una filosofía auténtica y segura en cuanto actividad por si misma real y trascendental.
    Segundo, hace una aportación como complemento del punto de partida de la filosofía de Antonio G. presentando los argumentos posibles como producto de su reflexión filosófica. Analizando, puedo conjeturar que el ensayo y los argumentos presentados por él mismo contienen en si un mero eufemismo y paralogismo no clarividente.
    La pregunta de su aportación introductoria dice: ¿Cuál es la verdad del ago o más bien cuáles son las verdades del ago? De esta manera presenta su pregunta como preámbulo de los argumentos que iba a proponer. Pero al revisar los argumentos se comprueba que los argumentos no son verdades sino simples caracteres de funcionamiento muy propio del ago. Los argumentos según él son verdades. Sin embargo, para mí son actividades del ago-hago, y no como verdades.
    Otro punto importante. En el primer argumento que presenta dice: “El ago actualiza las posibilidades de la cosa en tanto en cuanto tenga una aprehensión primera en ellas, así el ago no se queda en pura proporción, sino trasciende y es real”. En esto último afirma que el “ago” trasciende y que es algo real. De igual forma afirma en su conclusión final que el ago-hago traducido al acto es simple elemento dinámico que da sentido a la filosofía. Pero la contradicción se erró antes cuando estaba describiendo la diferencia del “ego” y “ago”. Al final del cuestionamiento afirma: “Y que el ago tiene una dimensión personal, del mismo modo tiene también una dimensión terminal”. Por “dimensión terminal” se entiende que el ago está delimitado o tiene un límite del que no puede ir más allá de sí mismo. He aquí el problema entonces, cuando en su conclusión final afirma que el “ago” es algo trascendental y real, mientras que antes afirma que tiene una dimensión terminal. Entonces no me queda claro que por qué es primero “terminal” para luego que es algo “trascendental y real.

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  3. Es de resaltar positivamente dos aspectos. Primero la clara evidencia que refleja estar en acuerdo con el autor (en este caso A. González) Según me transmite el texto, es consecuencia de haber leído, pensado y reflexionado acerca del tema. El tomar una posición ante un argumento, si se hace conscientemente y con toda sinceridad, es signo de estar haciendo un camino filosófico. Segundo el intento de proponer nuevas ideas que sigan con el desarrollo de un pensamiento. Lo importante, a mi parecer, es no detenerse únicamente en el estudio sistemático de pensadores que aportaron en el pasado. También considero de suma importancia en el desarrollo universal de pensamiento el trabajo que resulta de la propia reflexión. Aunque nunca esto podrá ser totalmente propio, ya que está viciado por lo aprendido anteriormente, el esfuerzo humano por el desarrollo de la razón es de mayor peso que cualquier otro contenido.
    En fin, aunque al final no sé realmente cuál fue el aporte que diste a las ideas de González, porque no veo nada que sienta realmente de tu propio pensamiento, me parece un buen intento de reflexión académica-comprensiva.

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