La diversidad
y riqueza cultural en nuestro continente es un distintivo. La manera de vivir,
convivir y acoger de nuestra gente, en su mayoría, es admirada y apreciada en
muchos países y culturas de los demás continentes. Actualmente muchos voltean
la mirada a nuestra tierra, muchos disfrutan con nuestro folclor, con lo
autóctono de nuestros países, de nuestra cultura.
Pero, ¿Valoramos
nosotros lo nuestro? Y por nuestro entendamos no solo lo propio de cada país,
sino lo propio abarcando en conjunto la diversidad de nuestro continente. Parece
que la respuesta es fácil de obtener. Es evidente que no se vive en armonía,
que no se fortalece los lazos de fraternidad, que no nos estrechamos las manos.
En realidad vivimos contrario a la propuesta que Martí en Nuestra América hizo:
“Los pueblos han de vivir criticándose, porque la crítica es la salud; pero con
un solo pecho y una sola mente”.[1]
Surgen acá
otras preguntas: ¿Es esto, la propuesta martiana, lo que se nos enseña? ¿Se nos
educa en la generación de vínculos? Nuestro sistema-mundo no está interesado en
educar y formar seres humanos con líneas de pensamiento y de acción enfocadas a
valorar y asimilar todos aquellos elementos que nos unen. Estamos inmersos en
la dinámica de la dominación, de la imposición, de la opresión. Como lo expresa
Martí, y difícilmente ha desaparecido esta realidad aún en nuestros días, “La
colonia continuó viviendo en la república”.
“Los jóvenes
de América se ponen la camisa al codo, hunden las manos en la masa, y la
levantan con la levadura de su sudor. Entienden que se imita demasiado, y que
la salvación está en crear. Crear, es la palabra de pase de esta generación”.[2] Ideal
que, por lo que se vive actualmente, quedó olvidado. La labor de las
generaciones jóvenes parece ser un reto utópico. Nadie quiere esforzarse por
generar una propia y sola cultura, resulta más fácil adaptarse y continuar
viviendo en lo que está dado. La característica principal de nuestras culturas
es imitar, no crear.
Vencer la
mejor imitación que hemos hecho, el sistema-mundo, es la gran tarea. Pero si no
hay quien, o quienes, sienten un precedente y ataquen de raíz esta realidad la
tarea es casi imposible. La preocupación fundamental, en la que hay que
desgastar todas las energías y agotar todas las instancias, si se quiere
generar una cultura homogénea es, en palabras de Martí: “el deber urgente de
nuestra América es enseñarse como es, una en alma e intento”.
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