LUCHA
ENTRE CLASES
Juan
Ramón Meza Escobar
En este espacio Centroamericano,
en donde vivimos y nos movemos, encontramos la manifestación de relaciones que
marcan la línea que divide entre clases terratenientes y trabajadores, donde se
da un monopolio de los que tienen el poder y, por tanto, los mismos creen tener
siempre el control de todo; de hecho, con sus políticas y actitudes de
exclusión, marginación y explotación, lo demuestran.
Desde esta realidad, “Los
campesinos podían únicamente mejorar su posición si lograban convertirse en
propietarios, o previa organización sindical, una negociación colectiva de
salarios[1]”. La única manera para
hacer conciencia social, sobre la injusticia distributiva, es a través de la
cultura y la educación, donde hay que buscar los medios para lograr entrar en la sintonía de la
realidad, viendo el sentido de cultura que parte del respeto de toda labor que
cada individuo realiza, desde el estar en un cargo administrativo hasta aquel
que colabora en la limpieza. En consecuencia, si se llega cultivar dichos
valores de reciprocidad e interdependencia se puede atender a las necesidades
prioritarias.
En lo que se refiere a la
organización sindical, que desde que surge en la historia ha tenido la
finalidad de ayudar a las luchas de los derechos laborales de los campesinos; y
también han surgido con el móvil de ayuda colectiva, aunque su aporte no ha
sido de acuerdo a estos valores que se han mencionado, sino que se percibe que
el mayor beneficio lo reciben los que dirigen el sindicato, desde dentro, de
modo que no se manifiestan de forma evidente en la praxis social. Aun con
sindicatos las instituciones y empresas mantienen “el status quo” en lo
referente a lo económico, en pocas palabras, cada vez hay menos acceso a los
bienes extremadamente necesarios como la alimentación, vivienda, salud y tampoco
para poder subir de posición social, en la calidad de la educación y para la formación
de la conciencia crítica que fomente la igualdad entre las personas.
Pérez
dice que “los rasgos generales de la estructura generada por el desarrollo
agroexportador se pueden enumerar: 1) el predominio y gran concentración del
poder de los terratenientes; 2) tendencia a la expropiación del campesinado
indígena, imponiendo un ordenamiento de la propiedad territorial que las masa
rurales jamás aceptaron como legítimas; 3) una elevado dosis de violencia; 4) fuertes
polarización de las clases, con debilidad estructural en los sectores medios
emergentes[2].”
Por lo visto, la dicotomía
terratenientes-campesinado sostiene la desigualdad que favorece a quienes tiene
los medios de producción. No obstante, también se mantiene una tensión
constante que busca una sociedad integrada y fraterna que no encuentra la forma
para que esto se lleve a cabo.
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