Antonio Batres Jáuregui y algunas de sus
propuestas más sobresalientes en su proyecto de “nación civilizada”.
Wilfredo Chicas Medina
Después de
la independencia colonial más o menos lograda, en nuestros países centroamericanos
aunque yo diría menos que más, surgieron algunas construcciones de representaciones
políticas que intentaron abrir camino desde el gobierno. Dos de estas principales
construcciones eran la de “nación cívica” propuesta por José Cecilio del Valle
y el de “nación civilizada” promovido por Antonio Batres Jáuregui.
Cada uno
de estos personajes venía de un linaje y una posición social bastante cómoda, razón
por la cual tuvieron acceso a educación superior la cual aprovecharon y se
prepararon lo suficientemente en la parte intelectual y, por ende podían
acceder e influir en el ámbito político como representantes del pensamiento de
la élite criolla, en el que también se puede incluir a Pedro Molina.
Pero a
pesar de haber otras propuesta, me llama
mucho la atención el proyecto de Batres en Guatemala, que no significa que esté
de acuerdo con él en este sentido, pero me llama la atención la manera en la
que ambicionaba que ese proyecto se llevara a cabo, que priorizaba “la dimensión
institucional y territorial” en el que se preveía un progreso para el indígena asimilado
en ellos por aniquilación, es decir por exclusión, ideas que según Teresa García
“estaban ya impregnadas por ideas raciales con pretensiones científicas de los
positivistas” (2005), y así se quedaban excluidos amplios sectores de la población,
era desde este punto de vista un racismo bastante descarado.
Batres en
este sentido pretendía la homogeneidad de un solo pueblo, es decir eliminar la
sangre indígena pero no por la fuerza sino por uniformidad biológica, es decir
la mezcla de las personas indígenas con personas ladinas empezando por
relacionarse, porque decía que las razas que no se adaptasen desaparecerían o
se les mantendría marginadas. Pero esta eliminación se proyectaba aún más allá,
ya que pretendía eliminar los hábitos, las costumbres, trajes y lenguas, que
eran decía, reminiscencias naturales peligrosas difíciles de desarraigar,
proyecto que en la práctica no se realizó en la magnitud que él pensaba,
principalmente porque requeriría de mucho tiempo para realizarse.
En el
modo de ver la propiedad abogaba por que se les diera a quienes poseían ya un
capital, propuesta que en la práctica solamente beneficio a unos pocos y llevo
a que se les quitaran las tierras a los pequeños propietarios y también se expropiaron
y registraron a nombre de ciertos individuos las tierras comunales. Así los
beneficiados fueron otros, menos los indígenas.
Esta fue
una manera de dar paso al sistema capitalista en el que el dinero obtenido como
ganancia por quienes lo manejaban se iba hacia afuera y no como lo esperaba
Batres, ya que decía que las necesidades de consumo impulsarían el progreso económico
del país, pero darle tierra y alas al capital es quitárselo a otras personas
que no están de ninguna manera familiarizados con este sistema que excluye a
las grandes minorías.
Proponía en
el ámbito de la educación, una educación diferenciada, es decir escuelas
especiales para indígenas en su idioma, y decía que ésta misma debía de estar
bajo la tutela del Estado. En este sentido pretendía controlar la formación y
que ésta funcionara de acuerdo a los intereses planteados por quienes veían en
Batres que, desde su puesto como funcionario de gobierno podía impulsar y dar
vida al sistema que empezaba a predominar en ese tiempo, que por cierto hasta
nuestro tiempo no ha funcionado como lo esperaban quienes lo han impulsado.
De igual
forma Batres promovía concursos de poesía en el que algunos de los temas
principales propuestos, apuntaban a como inculcar en los indígenas idas de
progreso. Otra de las propuestas era la diversificación agrícola y la introducción
del cultivo del café. Fue también uno de los promotores del panamericanismo…
Estas y
otras propuestas eran el gran proyecto civilizador que promovía e impulsaba Batres
aprovechando su puesto como funcionario de gobierno. Se puede ver desde ellas
un gran deseo de mejorar el país, pero con una gran cantidad de prejuicios
hacia los pueblos indígenas, razón por la cual les excluía, pero éste interés no era solamente el suyo,
sino el de muchas personas que estaban detrás de él alimentando esas ideas. Pienso
por ello que él, al igual que los gobernantes de los países en vías de desarrollo
en nuestro tiempo, fue víctima del sistema que proponía progreso pero que
solamente beneficiaba a unos pocos, cosa que hasta nuestros días no ha cambiado
mucho.
Bibliografía
T. García,
“El debate sobre la nación y sus formas
en el pensamiento político CA del siglo XIX”. En Casaús, M. y T. García,
Las redes intelectuales CA: un siglo de imaginarios nacionales (1820-1920);
Guatemala: F&G, 2005; págs. 13-69.
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