Para comprobar esta
hipótesis de Leopoldo Zea, será necesario dar a conocer un poco de
la información transmitida por José Pablo Feinmann, en su tercera
clase de filosofía televisada.
Feinmann considera que
existe una relación entre el descubrimiento de América por parte de
Colón y el descubrimiento de la subjetividad por parte de Descartes.
América es descubierta, no porque no existiera, sino que es
descubierta para el capitalismo europeo. El hombre moderno es el que
la descubre, el hombre medieval nunca se habría lanzado a buscar
nuevos ‘mundos’, puesto que en esta vida solo estamos de paso.
Este hombre moderno es el hombre capitalista, de tal modo que,
América es incorporada al ‘mundo’ europeo capitalista. Pero esto
hombre capitalista, debe analizar ahora cual es su relación con el
exterior, ya que descubre nuevos ámbitos, lo cual lo lleva a
pensarse a sí mismo. Es acá entonces donde el hombre descubre su
propia subjetividad, y es lo que lleva a Descartes a montar su
pensamiento filosófico sobre la subjetividad del hombre. Por tanto
Descartes nos da con ello un desplazamiento del teocentrismo al
humanismo, dando así inicio a la filosofía moderna.
Basándonos en esta
explicación de Feinmann, debemos decir que de cierta forma se trata
de justificar dicha hipótesis, pero a mi parecer no es más que un
intento deliberado por ajustar la relación entre uno y otro
descubrimiento, el cual históricamente no es justificable. Dicha
suposición se podría hacer de igual modo atribuyendo el
descubrimiento de Descartes a la influencia jesuita o demás. Pero
siguiendo a Nietzsche, lo que en realidad deberíamos de preguntarnos
es ¿Qué persigue Zea con dicha hipótesis y Feinmann con dicha
justificación? Al ser ambos americanos, podemos suponer que lo que
intentan es redimir de alguna forma la imagen de América, tan
desprestigiada por los ojos Europeos a lo largo de la colonia. Es una
forma de querer limpiar la imagen de la propia madre, atribuyendo el
desarrollo de la otra gracias a la suya. Y aunque el desarrollo de
Europa no deja de tener relación con América, y ciertamente los
filósofos viven insertos en un mundo, y no son seres aislados;
suponer que el nacimiento de la filosofía occidental se da en
América, no se queda más que en ese simple plano, el de una
suposición.
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