De los antivalores sociales, a los
valores Mayas
Junlajuj
Tz’i
Este nuestro tiempo, siglo XXI, está
marcado por grandes avances en la ciencia y la tecnología. Estos avances han
traído consigo un mejor desarrollo de la vida (mejores condiciones, más
facilidades). Las distancias no son un problema ahora y la tecnología es cada
día más sorprendente y sofisticada. Es también un tiempo de muchos avances en
la medicina, la cura para enfermedades que antes se creían incurables, el
manejo de las células, entre muchas actividades técnico-científicas que van
proporcionando al ser humano condiciones de vida cada vez mejores.
En la otra cara de la moneda, podemos
identificar aspectos que no suenan tan alentadores en este “progreso”. Esta
sociedad desarrollada va marcando una individualidad extremista, así mismo, relaciones
meramente utilitaristas en las cuales las personas pasan a ser simples medios.
Podemos hablar de la globalización, por ejemplo, que marca el comienzo de una
sociedad en donde el individuo vale por lo que tiene o hace y no por lo que es.
Todo este movimiento está dejando también sociedades cada vez más
homogéneas, en donde los valores
particulares y culturales dejan de ser,
y dan paso a la moda, entre muchas otras cosas que van enterrando más y más
hondo las raíces, la esencia de cada pueblo, de cada región.
El ser humano ha pasado a un segundo
plano, la vida ya no es un obstáculo, mueren millares de personas cada día,
otras tantas son explotadas y están sumergidas en la más escalofriante miseria.
También está el problema de la naturaleza, la cual es vista como un simple
medio que está sometida a nuestro dominio, así que a hacer con ella lo que
queramos.
En este contexto hay una paradoja que
me resulta muy interesante y que es mi intención plantear. Desde los tiempos de la colonización,
hasta la ignorancia del pleno siglo XXI, existe un problema latente en nuestros
pueblos de manera particular, problema que radica en nuestra realidad
originaria, nativa, en nuestra identidad indígena.
Yo creo que la civilización ha
proporcionado grandes beneficios a la humanidad, pero también esto ha implicado
pagar un precio. Este pago radica primordialmente en la perdida de nuestras
raíces y peor aún en la renuncia voluntaria a ellas, en vista de “bienes mejores”.
La civilización Maya posee una
amplitud impresionante y bella, en lo que al “buen vivir” se refiere. Su
cosmovisión plantea una integridad de todo el cosmos, la relación estrecha
entre cada uno de los elementos y de los seres vivos, la corresponsabilidad por
el bien del otro, el respeto, entre otras muchas riquezas. Poseen un amplio
abanico de valores que fomentan la unidad y el mutuo desarrollo, sin ser
obstáculo el uno del otro, contrariamente, siendo palanca de impulso. Rescatan
también de manera especial lo sagrado de cada ser, la belleza que cada uno
simboliza, rescatan claramente la dignidad del ser humano, y no solo del ser
humano, sino de todo lo que posee vida, de cada uno de los elementos que
integran el cosmos, del cual hay que mantener y respetar su equilibrio. La
filosofía maya como tal, es claramente una filosofía de la vida, una filosofía
práctica que sintetiza el desarrollo y plenificación de cada individuo en la
vivencia fraterna, comunitaria.
Ahora bien, la civilización no es mi
intención plantarla como algo negativo, pero creo que necesita ser aplicad
desde otros objetivos, desde otra visión y esto específicamente para nosotros. Es
aquí donde radica mi inquietud y está el porqué de mi tema; no es abstenerse a
la civilización, al progreso, se trata de no dejar que esto, que es de
beneficio nuestro, nos robe nuestra identidad, lo que somos, lo que soñamos
como comunidad.
¿Cuántos de estos valores mayas
vivimos hoy? O mejor decir ¿Qué reducido grupo los practica?, no digo que no existen
comunidades enteras que aún buscan sostener este equilibrio, esta forma de
vida, pero la mayor parte de la población hemos olvidado, por vergüenza o por
ignorancia, estos elementos de convivencia, del buen vivir, y no obviaremos que parte de esta renuncia a los
orígenes radica en el sufrimiento de muchos años y que como mecanismo de
defensa se llega a este desconocimiento, pero inclusive esta realidad necesita
de un replanteamiento liberador y que genere cambio.
Nuestra realidad sociocultural está
marcada por antivalores arraigados profundamente en las bases de nuestros
países, y aunque pareciera una utopía o tal vez lo sea, la filosofía Maya simboliza,
desde mi perspectiva, un horizonte de cambio, de retroalimentación de nuestros
pueblos, de una civilización que promueva el desarrollo, pero también el bien
común y los valores, es por eso que pienso en una sana Des-civilización (antivalores) del siglo XXI, como proceso de
cambio, en los cuales no se sataniza la civilización actual, sino que busca
regenerarse.
En lo personal me parece una publicación enriquecedora, por la manera de analizar la realidad sociocultural y económica que se vive hoy. Más aun lo central es el planteamiento de la filosofía Maya, que está marcada por las tesis discutidas en clases. Retomo el siguiente fragmento: “La civilización Maya posee una amplitud impresionante y bella, en lo que al ‘buen vivir’ se refiere”. Apoyo este afirmación, porque presentar el buen vivir va más allá de una ideología, es plenitud de vida. Al final solo recomendarte seguir profundizando en el tema y fortalecerlo con aspectos concretos de la des-colonización de nuestro tiempo. Por allí asumir un pensamiento maya concreto e iluminar algún contraste de la realidad capitalista.
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